Proponen adoptar «estrategia del queso suizo»: Superponer «barreras imperfectas» para bloquear el avance del virus

«Ninguna medida de salud pública podrá prevenir que el virus siga circulando entre nosotros, y esto incluye el proceso de vacunación.

Entonces, para lograr detener la propagación del virus, será necesario recurrir a una estrategia que se ha dado a llamar ‘estrategia del queso suizo'», explicaron los investigadores de Espacio Público en su más reciente informe sobre la evolución de la pandemia.

El método fue acuñado por el virólogo australiano Ian Mackay. Aunque la lógica había sido utilizada para entender otro tipo de fenómenos, como los accidentes de seguridad en industrias, fue el académico de la U. de Queensland quien lo aterrizó en la pandemia en octubre pasado. Su idea venía con una imagen: diez capas de queso suizo con sus respectivos y característicos agujeros, la mitad de ellas catalogadas como responsabilidades personales —mantener distancia y usar mascarilla— y las restantes identificadas como responsabilidades compartidas —como el testeo, trazabilidad y aislamiento—.

«Cada una de las medidas de salud pública tiene hoyos, como una lámina de queso suizo, por los que el virus se cuela», explicó el centro de estudios en su informe este miércoles. «Sin embargo, si acumulamos suficientes láminas, una junto a otra, con orificios que no se superponen, podemos cortar la cadena de contagio del virus, efectivamente logrando crear una barrera sólida entre el virus y la población».

La primera lámina propuesta por Espacio Público es la vacuna, cuyos «hoyos» se relacionan principalmente con el hecho de que la fórmula utilizada por Chile, si bien evita el desarrollo grave de la enfermedad y la muerte, no detiene el contagio.

También se desconoce el efecto de la circulación de variantes nuevas en la inmunidad producida por la inoculación. «La segunda es una amplia y rápida capacidad de testeo (PCR y antígenos), pero que sabemos que dejará casos sin detectar.

Luego viene el trabajo de trazabilidad y aislamiento por parte del sistema de salud, pero del que tenemos que hacernos parte todos, reportando nuestros contactos estrechos en caso de dar positivo en un test. Este trabajo debe ser lo más a tiempo y lo más amplio posible», explicaron.

Otra capa propuesta es un «estricto control de fronteras» para evitar la llegada de nuevas variantes, la que se relaciona con otra lámina de vigilancia genómica, «que contribuiría a tomar medidas preventivas de la expansión de una variante en poblaciones específicas, permitiendo aislarlas y ponerlas en cuarentena antes de que la variante se disemine adentro y fuera de ese lugar».

«Si a estas tareas les sumamos el uso permanente de mascarillas por parte de la población cuando están fuera de sus burbujas sociales, evitar aglomeraciones, el distanciamiento físico, la ventilación y filtración de aire, y el lavado de manos, entonces tendremos una suma de barreras impertectas que, en conjunto, podrían implicar prácticamente un 100% de protección», añadieron.

Para lograr la efectividad de la estrategia, los investigadores advierten del riesgo de que una de esas capas sea percibida como una «bala de plata» contra la epidemia, como podría suceder con las vacunas, lo que lleve a un relajamiento de las demás medidas.

«Es tarea del Gobierno continuar con el exitoso plan de vacunación, lograr mejoría continua del sistema de testeo, trazabilidad y aislamiento, el control estricto de la frontera, el fortalecimiento de la vigilancia genómica y entregar la comunicación de riesgo adecuada, pero también es tarea de todos seguir cuidándonos», advirtieron.

«Necesitamos una comunidad en que cada individuo se sienta un agente responsable de detener la propagación del virus, aislándose prontamente, informando los contactos estrechos, usando mascarilla, evitando aglomeraciones, establecimiento distanciamiento físico, ventilando y lavándose las manos», cerraron.

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