a Ley 21.364 -que creó el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres y reemplazó la Onemi por Senapred- fue publicada en el Diario Oficial en agosto de 2021, y estableció en sus artículos transitorios un plazo de dos años para que las 346 municipalidades del país elaboraran sus planes comunales de emergencia y sus planes para la reducción del riesgo de desastres.
A la fecha, datos del nuevo servicio evidencian que San Rosendo es la única comuna de la zona que sigue sin la primera herramienta, mientras que otras ocho carecen de la segunda: Contulmo, Coronel, Laja, Lebu, Lota, Quilaco, Santa Bárbara y Tucapel.
Mientras el tiempo pasa, asoman nuevas amenazas como "El Niño", un fenómeno que, si bien es conocido, podría traer consigo impactos importantes para la Región dentro de los próximos meses.
Esto lleva a especialistas locales a analizar el real aporte de dichas herramientas y enfatizar que, más allá de formalizar cuanto antes los planes, el nuevo escenario lleva a asumir una tarea de actualización -lo que también impone la ley- e integrar nuevos mapas de riesgo con información reciente.
Helios Pujol, director de los diplomados USS en Gestión de Riesgo de Desastres con Enfoque en Incendios de Vegetación y Forestales, y Manejo y Control de Incendios de Vegetación y/o Forestal, señala que, en lo que respecta a la preparación municipal frente a los impactos intensificados de "El Niño" en Biobío, "los planes actuales de emergencia y de reducción del riesgo de desastres no se ajustan completamente a esta nueva realidad climática y presentan brechas".
Suma que, más allá de su formalización, estos instrumentos "suelen estar diseñados bajo parámetros históricos promedios que hoy no responden a la velocidad, simultaneidad y severidad de los fenómenos meteorológicos actuales".
Dentro de las dificultadas detectadas por el también ingeniero forestal asoman brechas como falta de unidades especializadas, desigualdad presupuestaria, datos desactualizados, carencia de modelamientos futuros y de un enfoque multiamenaza y simultaneidad.
Por lo mismo, llama a los municipios a adaptarse a esta nueva realidad climática mediante la formación de los departamentos o unidades de gestión de riesgo de desastres y el tránsito hacia una gestión que considere una planificación estratégica, "no puramente reactiva".