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Crónica
30/11/2025
Sesenta años después de aquella decisión tomada a los 15 años —cuando, inspirado por su padre, voluntario de la Undécima Compañía de Bomberos de Santiago, escogió el camino del servicio público—, Gastón Bersano volvió a vivir un momento que marcará su vida. Esta vez no frente a una emergencia, sino en el solemne Salón de Honor del Congreso Nacional, donde el Senado de la República le otorgó la Medalla de Reconocimiento por seis décadas de entrega a la institución.
Bersano inició su labor bomberil en la comuna de Rengo. Más tarde, su trayectoria lo llevó a Chillán y finalmente a Los Ángeles, ciudad que lo ha acogido por más de tres décadas y donde se convirtió en uno de los fundadores de la Sexta Compañía de Bomberos, lugar que hasta hoy considera su hogar bomberil.
La ceremonia —encabezada por el presidente del Senado, Manuel José Ossandón, junto a los senadores Iván Moreira y José García Ruminot, además del secretario general del Senado, Raúl Guzmán— reunió a 53 voluntarios de distintos puntos del país, todos homenajeados por haber dedicado buena parte de su vida al servicio comunitario.
“Son pocas instituciones en el mundo en las que el voluntariado funciona con esta rigurosidad”, destacó Ossandón durante la instancia. “A ustedes les damos el rango y la dignidad que se merecen, porque su trabajo abnegado y gratuito los convierte en la institución más querida por los chilenos”.
Los senadores presentes resaltaron igualmente el “coraje, valentía y compromiso con la sociedad” que caracteriza a los bomberos del país, atributos que —según señalaron— han cimentado un prestigio “muy bien ganado a través de tantos años de servicio”.
En esa misma línea, el presidente nacional de Bomberos, Juan Carlos Field, agradeció el reconocimiento entregado a quienes definió como “verdaderos testigos de la historia bomberil”.
Con profunda emoción y humildad, Gastón Bersano recibió también su medalla. “Nunca pensé que tendría un reconocimiento de esa envergadura”, confesó tras la ceremonia. Para el voluntario, este homenaje simboliza no solo un logro personal, sino también “el valor de una labor que se ha prolongado en el tiempo”, posible gracias al compañerismo, la disciplina y el compromiso permanente con la comunidad.