Columna de Opinión: ¿Un nudo en el estómago?

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22/03/2026


A veces parece que vivimos corriendo tras un bus que todavía ni pasa. Nos preocupamos un montón por el colesterol, por las cuentas, por el trabajo pendiente, o por si la bencina subirá de precio por la guerra. Nos hemos vuelto expertos en habitar un futuro que todavía no existe, cargando una mochila llena de "qué pasará si", que nos termina angustiado antes de tiempo.

Es bien curioso, porque uno puede estar sentado bajo el sol en una playa, pero la cabeza está en la cuenta que vence el próximo mes o en ese proyecto que ni siquiera ha empezado. Caemos en ese círculo vicioso de estar preocupados por el solo hecho de estarlo, como si el estrés fuera necesario para sentirnos productivos. Nos convencemos de que si no estamos angustiados, es porque no le estamos tomando el peso a la vida.

Con esa angustia, sin darnos ni cuenta, nos vamos metiendo en un hoyo profundo donde todo se ve cuesta arriba y oscuro. Cuesta ver la salida cuando uno mismo está cavando el pozo con pensamientos negativos. Esa desesperanza nos va enfermando silenciosamente, y claro, el cuerpo termina pasando la cuenta de lo que el cerebro sobre piensa.

Ahí es donde aparece nuestro "segundo cerebro": la guata. ¿Quién no ha sentido ese nudo o el colon pidiendo tregua antes de una reunión importante? Es impresionante cómo una preocupación por el mañana termina dictando qué podemos almorzar hoy. El colon irritable es una somatización de esa ansiedad constante que nos obliga a cambiar dietas y rutinas, solo porque no supimos darle un respiro a la cabeza.

Al final del día, entender que la salud mental es tan vital como la física no es un lujo, es una necesidad de supervivencia. No podemos pretender estar "fit" si por dentro estamos lidiando con un incendio emocional. Quizás el truco sea soltar un poco, aceptar que el mañana llegará igual y que nosotros somos quienes llevamos el volante, no nuestra mente. Al menos hoy, vale la pena intentar que el nudo en la guata sea de risa y no de pura angustia.

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Autor: Máximo Martínez Campos

 





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