Crónica
Social
01/06/2026
A ratos da la impresión de que nos acostumbramos a vivir a medias con nuestra salud mental y es muy habitual escuchar el típico “ando con depresión”. Frase que soltamos como si fuera un simple sinónimo de andar bajoneado. El problema es que, con test rápidos de internet, podemos caer en la trampa del autodiagnóstico, y olvidar que la depresión es una enfermedad compleja y no un estado de ánimo pasajero.
Hay razones para pasarlo mal, donde vivimos corriendo detrás de un tren que parece que ya se nos fue, atrapados en un estrés laboral, deudas que quitan el sueño y esa presión social de aparentar una vida que no se puede pagar a fin de mes. Entre despidos injustificados, el dolor de cuidar a un familiar enfermo o el desgaste de criar a nietos sin apoyo, es lógico que el cuerpo y la mente digan "no más".
Sumémosle las realidades de algunos, madres solas haciendo malabares porque el "papito corazón" desapareció, o padres angustiados porque el sueldo de ese trabajo “no ideal” simplemente no da, porque muchas veces hay que trabajar en lo que sea para parar la olla. Cualquiera se quiebra, y puede confundir una tremenda y legítima angustia con un trastorno psiquiátrico.
El cuerpo nos pasa la cuenta de formas misteriosas y un bajón tremendo puede ser el aviso de una tiroides floja, falta de vitaminas o un órgano que está fallando en silencio. Si nos quedamos con el autodiagnóstico de internet y nos compramos cualquier analgésico emocional, estamos llegando tarde a lo que realmente nos enferma, y minimizamos a quienes la padecen de depresión, y nos cerramos a entender qué nos pasa realmente.
Por lo mismo, hay que ser más conscientes y dejar de usar la palabra depresión a la ligera. Tratar de buscar ayuda seria en un psicólogo o psiquiatra, o al menos consultar a un médico que mire el mapa completo. Validemos nuestra pena y nuestra rabia frente a un sistema que a veces ahoga, pero cuidémonos de verdad, con diagnósticos reales y tratamientos adecuados. Nos hace falta tratarnos con más cariño y menos recetas de Google.
La anterior opinión y reflexión es personal.
Autor: Máximo Martínez Campos